Experiencia versus formación en la dirección de proyectos

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Después de varios años trabajando como director de proyectos en diferentes empresas de diferentes tamaños, he visto que hay una discusión que siempre se repite: ¿Qué es más importante para mejorar la dirección de proyectos en una organización: disponer de profesionales mejor formados o con más experiencia en campo?




Esta discusión también surge en otros ámbitos, cuando se comparte información sobre formación en dirección de proyectos, y alguien responde que la mejor formación es la “escuela de la vida”; en cierta forma menospreciando la formación.

Obviamente habrá opiniones para todos los gustos (las cuales agradezco como comentarios al pie de este post), pero aquí planteo la mía:

La formación y la experiencia no son sustitutorias sino complementarias, por tanto plantear que una es mejor o más importante que la otra no tiene sentido; ambas son importantes y útiles si se usan correctamente, o desastrosas para la organización si se usan incorrectamente.

Formación en dirección de proyectos

Experiencia versus formación en gestión de proyectosLa formación en dirección de proyectos, sea con cursos, masters, o certificados tiene el mismo problema que en cualquier otro campo, es genérica y no suele ser totalmente aplicable a una realidad que es más compleja que los casos que se plantean en estas formaciones.

¿Quiere esto decir que no sirva? No, Sirve si somos conscientes de sus limitaciones y aprovechamos sus fortalezas. Entre estas fortalezas podemos destacar las siguientes:

  • Nos permite adquirir una visión global de lo que significa gestionar un proyecto y los aspectos a tener en cuenta.
  • Nos permite aprender unos procesos básicos para gestionar correctamente estos aspectos; procesos que difícilmente podremos aplicar al 100%, pero que nos dan una visión de lo que debe hacerse y con qué objetivo.
  • Y lo más importante, nos permite adquirir todo esto en un tiempo relativamente corto y sin el coste de cometer errores.

Como limitación está el hecho de únicamente con formación se tenderá a ser ineficiente al realizar cosas que no son necesarias en un proyecto en particular, o haciéndolas de la forma “formal” en lugar de la “practica”.

Experiencia en dirección de proyectos

Experiencia versus formación en gestión de proyectosObviamente la realidad es más compleja que lo reflejado en los libros, y mucho más concreta, ya que no gestionamos UN proyecto; sino NUESTRO proyecto, con nuestros recursos, en nuestra organización y con nuestras limitaciones.  Esto significa que una parte de los conocimientos adquiridos en la formación en gestión de proyectos no serán válidos o aplicables directamente en el mundo real.

Por lo contrario, a medida que vamos adquiriendo experiencia en nuestros proyectos, vamos aprendiendo a gestionarlos, y a resolver o evitar problemas que talvez ni se planteen en la formación, o a hacerlo de la forma más rápida (aunque no sea la teórica), lo que incrementa la eficiencia. Y esto sin duda es algo que tiene mucho valor par aun profesional y su organización, pero que plantea los siguientes inconvenientes:

  • La experiencia se basa en nuestro histórico, por tanto solo sabemos hacer lo que sea similar a lo que ya hagamos hecho. Esto dificulta nuestra evolución como profesionales y la de la organización; ya que haciendo lo de siempre, los resultados serán los de siempre.
  • El coste de aprender es mucho mayor, económicamente y en plazo, ya que se basa en prueba y error en el mundo real. Si nos olvidamos de gestionar un aspecto, este puede suponer un problema.

Experiencia versus formación en dirección de proyectos

Por tanto, ¿qué es mejor?

Según mi opinión, lo mejor es tener una formación de base que te dé los conocimientos generales de lo que significa y debe hacerse para gestionar correctamente un proyecto, y disponer de la experiencia necesaria para poder ajustar estos al mundo real. El problema es que nadie nace enseñado ni con experiencia, por lo que por algún punto debemos empezar; y en mi opinión este primer punto es la formación.

Lo es porque te da la visión y conocimientos generales en un tiempo mucho menor, y te permite afrontar tu primer proyecto con unas mínimas garantías, que no eficientemente. A partir de aquí, la experiencia irá puliendo la teoría y adaptándola a la realidad, lo que hará que el profesional gane en eficiencia; habiendo cometido menos errores por el camino.

Para la organización ambos perfiles son importantes y necesarios; ya que cualquier organización debe pensar en el momento actual y en él futuro, por lo que debe tener profesionales maduros (que pueden o no tener formación) y profesionales noveles (y por tanto sin experiencia). La cuestión es cómo usar cada perfil y buscar llegar a una situación ideal donde los profesionales con experiencia tengan también formación en dirección de proyectos.

Los profesionales maduros gestionarán los proyectos como lo han hecho siempre, lo que asegura un determinado resultado, y les permite ser un referente a nivel de experiencia para los más noveles. Al mismo tiempo, si no disponen de formación, van a ser más reacios al cambio; ya que fuera de lo que saben hacer pierden su referencia, y esto impide que la organización asuma nuevos tipos de trabajos o formas de trabajar, limitando su mejora.

Los profesionales noveles sin experiencia no van a ser capaces de gestionar grandes proyectos o proyectos que salgan mucho de lo ideal o de las metodologías usadas dentro de la empresa, por lo contrario serán capaces de ver los aspectos que no se están gestionando correctamente y proponer mejoras; ya que disponen de un marco conceptual de referencia que va más allá de lo que la empresa ha hecho siempre.

También pueden ser los más capacitados para llevar un proyecto que sea totalmente diferente a lo hecho hasta aquel momento (un nuevo negocio o forma de vender nuestros servicios), porque su base teórica les permite tener un punto de partida donde la experiencia no llega.

Por tanto, si la empresa dispone de ambos perfiles, y los usa correctamente, incrementará sus resultados y conseguirá mejorar. Y cuando llegue a la situación en que todos los directores/as de proyectos tengan formación (aunque diferente nivel de experiencia), consolidará y optimizará estos resultados y capacidad de mejora.

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